Articulado publicado en El Comercio.
Las señales actuales apuntan a un Niño Costero capaz de causar daños significativos durante el verano de 2026-2027. La experiencia de 1997-1998 y 2017 muestra la magnitud que pueden alcanzar las pérdidas cuando la preparación resulta insuficiente.

El país llega mejor preparado que en 2017, pero aún no está listo para enfrentar un evento extremo. Las obras ejecutadas han elevado la protección en algunas regiones, aunque los avances son desiguales y la preparación operativa de la respuesta de los gobiernos regionales y locales sigue siendo limitada.


La principal debilidad está en una gobernanza fragmentada. La rectoría, la evaluación técnica de prevención y reducción del riesgo, y la respuesta recaen en entidades distintas, mientras la ejecución de las obras se distribuye entre más de 2 000 entidades de los tres niveles de gobierno. No existe una instancia que conduzca el sistema de gestión del riesgo de desastres de punta a punta y asegure una cultura de prevención.
La doble transición política reduce aún más el margen de acción. El nuevo gobierno asumirá en julio y las autoridades regionales y locales lo harán en enero, cerca del periodo de mayor riesgo. Por ello, la prioridad es determinar qué intervenciones todavía pueden completarse y qué territorios requerirán una mayor preparación operativa antes del verano.
El siguiente cuadro muestra el nivel de protección de cada región según el avance físico de las soluciones integrales que ejecuta la ANIN bajo el acuerdo G2G.



Esta evaluación define dónde completar obras, dónde proteger lo avanzado y dónde reforzar la respuesta ante la ausencia de una solución definitiva. Estas prioridades deben guiar los recursos y las decisiones del nuevo gobierno. Desde APOYO Consultoría proponemos cuatro acciones inmediatas para llevarlas a la práctica.
1. Implementar un Comando de Acción Rápida FEN para liderar la preparación y respuesta del Ejecutivo desde 28/7 hasta pasado el pico del evento
La preparación frente al FEN exige un comando nacional con autoridad para priorizar acciones, coordinar entidades y destrabar la ejecución. Este comando debe operar bajo la dirección del presidente del Consejo de Ministros y contar con un mecanismo ágil de decisión y seguimiento.
Su primera tarea debe ser articular un paquete normativo de emergencia FEN, que habilite modificaciones presupuestarias excepcionales, cambios de alcance en contratos ANIN y compras centralizadas para acelerar la ejecución, y asegure mediante decreto supremo la vigencia de la declaratoria de emergencia.
2. Financiar primero lo que puede terminarse y priorizar intervenciones en tramos críticos
Las obras con mayor avance, que protegen a la población vulnerable y pueden culminarse antes del pico del FEN 2026-2027, deben encabezar la asignación de recursos. San Idelfonso es un caso claro y su brecha de financiamiento fue incorporada solo parcialmente en el dictamen del crédito suplementario, por lo que aún se requieren recursos para completar la obra. No es el único caso: las defensas ribereñas de los ríos Lacramarca, Casma y Huarmey, en Áncash, también podrían quedar bastante avanzadas antes del pico del evento.
Donde la solución integral no llegará a tiempo, la prioridad debe ser intervenir en los puntos críticos. Estos pueden identificarse con apoyo del socio de implementación británico en el marco del acuerdo G2G con la ANIN. El mecanismo dependerá de la situación contractual. En Tumbes, donde ya existe un contratista, corresponde evaluar un cambio de alcance o la activación de cláusulas de eventos compensables de emergencia. En Piura, donde no hay un contratista instalado, se requiere una contratación acelerada para realizar una limpieza estratégica del río.
Para viabilizar estas intervenciones, se requiere un decreto de urgencia para el FEN que habilite modificaciones presupuestarias y cambios de alcance contractual.
3. Ubicar anticipadamente bienes de ayuda humanitaria (BAH) y maquinaria
La maquinaria y los bienes de ayuda deben estar disponibles antes de las lluvias en todas las zonas de mayor riesgo. En Piura, deben complementar la limpieza y protección de los puntos críticos del río. En Chiclayo, donde no hay avance en las obras de drenaje, la respuesta dependerá en mayor medida de contar con motobombas, excavadoras, cisternas y bienes de ayuda.
Para lograrlo, el Comando FEN debe reunir en un solo registro los BAH y maquinarias disponibles en los almacenes nacionales, regionales y locales. Con esa información podrá identificar qué recursos tiene cada territorio y qué brechas deben cubrirse, incluidos los cerca de 18 500 kits adicionales estimados por el INDECI.
El Decreto de Urgencia FEN debe encargar a una unidad ejecutora la compra, el alquiler de los bienes y equipos faltantes, y la distribución anticipada con soporte operativo de INDECI. Esta distribución es especialmente urgente para los alimentos, cuyo stock se concentra en Lima, mientras Tumbes, Piura, La Libertad e Ica no reportan existencias regionales. Ubicarlos antes de las lluvias reducirá el riesgo de que una interrupción de la Panamericana Norte retrase la atención.
4. Preparar a las nuevas autoridades subnacionales para responder desde el primer día
Las nuevas autoridades regionales y locales asumirán cerca del periodo de mayor riesgo. La PCM debe aprobar y ejecutar antes de enero un programa de transición operativa para las nuevas autoridades regionales y locales. La inducción debe cubrir los protocolos básicos del SINAGERD, incluida la activación de los centros de operaciones de emergencia y el llenado del EDAN. En paralelo, deben identificarse y acondicionarse rutas de evacuación, zonas seguras y albergues temporales, y realizarse simulacros en las ciudades más expuestas.
Esta nota se concentra en los efectos del Niño Costero, pero un FEN global fuerte también podría reducir las precipitaciones en zonas del centro y sur andino. Allí, la respuesta debe prever transferencias para los hogares afectados, con un padrón y un mecanismo de entrega definidos antes de la emergencia.
Las medidas propuestas son temporales y buscan reducir daños en el corto plazo. No sustituyen las soluciones integrales en ríos, quebradas y drenajes ni la reforma de fondo sobre la gobernanza de la gestión del riesgo de desastres. La urgencia es proteger ahora.
