«La estabilidad macroeconómica, la base del atractivo de Perú para los inversionistas»

Entrevista en Portafolio, Colombia; por Constanza Gómez Guasca.

En medio de un entorno político convulso que ha llevado a Perú a tener una sucesión de presidentes en la última década, la economía del país ha logrado preservar uno de los activos más valorados por los inversionistas: la estabilidad macroeconómica.

Inflación baja, disciplina fiscal y una moneda relativamente estable han permitido que el país mantenga su atractivo para el capital extranjero, aun cuando la inestabilidad institucional le ha restado dinamismo al crecimiento.

Hugo Santa María, socio y economista jefe de APOYO Consultoría, analiza cómo el manejo responsable de la política económica ha sostenido la confianza en Perú, por qué la crisis política le ha costado hasta un punto y medio de crecimiento anual y qué lectura hace del momento económico que atraviesa Colombia frente a otros destinos de inversión en la región.

¿Cuál es su percepción de Colombia en este momento, desde el punto de vista económico y como polo de atracción de inversión en Latinoamérica?

Para nosotros, los peruanos, Colombia siempre ha sido un referente y un destino de inversión relevante. Sin embargo, en los últimos años, desde lo que observamos en la región y en nuestro trabajo con clientes de consultoría, hemos visto dos fenómenos.

Por un lado, una reducción de la confianza para invertir y, por otro, un deterioro en algunas variables macroeconómicas importantes, como la disciplina fiscal y la inflación. Colombia tuvo durante muchos años una fortaleza macroeconómica muy clara y hoy esa fortaleza se ha debilitado.

También estamos atentos al siguiente ciclo electoral en la región para ver si ese nivel de incertidumbre puede reducirse.

Si un inversionista hoy quiere tomar la decisión de invertir en Latinoamérica, ¿Colombia sigue siendo un referente o se siente rezagado frente a otras economías de la región?

Es una pregunta importante y algo difícil de responder. Colombia sigue siendo un referente por la profundidad de sus mercados y porque tiene varias ciudades importantes, lo cual marca una diferencia frente a Perú, que es un país mucho más centralizado. Sin embargo, el vecindario en Suramérica también ha venido mejorando. Si lo miro en términos comparativos, hoy percibo a Colombia algo rezagado frente a algunos de sus vecinos.

¿Y al compararse con Perú?

Si comparamos los números de Colombia con los de Perú, este último ha logrado en los últimos años un mayor crecimiento, tiene una inflación más baja, una moneda más estable y una situación fiscal más holgada.

Hoy, si uno observa los indicadores macroeconómicos desde afuera, Perú se ve mejor.

Además, en la región hay otros países que también están haciendo la tarea para mejorar. Argentina, por ejemplo, está impulsando reformas para hacer su economía más competitiva y recuperar el atractivo que perdió en los mercados internacionales.

También hay casos de países más pequeños, como Paraguay, que ha venido creciendo bien y cuya deuda, al igual que la de Perú, tiene grado de inversión.

En síntesis, Colombia seguirá siendo un mercado importante y un destino interesante, pero en los últimos años ha perdido algo de posiciones frente a algunos vecinos de la región.

Empresarios en Colombia destacan la capacidad de los peruanos de tomar decisiones de negocio sin afectarse por las circunstancias políticas.

Es curioso. Perú es el número uno en Suramérica —incluso si lo comparamos con México— en número de presidentes en los últimos años. Hemos tenido más presidentes en la última década que cualquier otro país. Sin embargo, también tenemos la inflación más baja, una moneda muy estable y estamos entre los países con mayor crecimiento en la región.

Esto no se explica solo por la confianza del empresariado. Perú tiene desde hace muchos años un manejo fiscal y monetario responsable. El déficit fiscal hoy es menor al 2%. Cuando llegó la pandemia también estaba cerca de ese nivel, subió hasta cerca de 8% o 9% y luego se redujo rápidamente. La inflación, que se aceleró durante la pandemia, hoy está nuevamente alrededor del 2%.

Esos fundamentos macroeconómicos son los que permiten mantener la estabilidad financiera del país.

¿Pero es cierto ese divorcio entre la economía y la política?

Hace algunos años Perú más que duplicaba el crecimiento de América Latina. Hoy seguimos creciendo por encima del promedio regional, pero ya no con tanta ventaja.

Con los actuales precios de exportación —recordemos que Perú exporta cobre y oro e importa petróleo— estimamos que el país debería estar creciendo cerca del 5%.

Sin embargo, la inestabilidad política sí tiene un costo. Calculamos que puede restar entre uno y un punto y medio de crecimiento cada año, lo cual es bastante para un país que aún enfrenta grandes desafíos de desarrollo.

¿A qué se debe esa pérdida de ritmo de crecimiento?

Perú está recibiendo un impulso importante por los altos precios del cobre y del oro. Si uno mira los términos de intercambio, es uno de los países más beneficiados por la economía mundial. Sin embargo, no hemos podido aprovechar completamente esa situación porque las crisis políticas han debilitado la capacidad de gestión del Estado.

Perú mantiene variables financieras sólidas, pero hoy tiene una administración pública debilitada, que no logra acompañar el esfuerzo de crecimiento del sector privado. Haber tenido ocho presidentes, cada uno con nuevos gabinetes y ministros, termina debilitando la continuidad de las políticas públicas. Si uno piensa en Perú como una empresa, es una compañía que financieramente está bien, pero que ha perdido capacidad de crecer porque su socio, el Estado, hoy es disfuncional.

¿Qué pasa con la corrupción en el Estado, que también influye en el gasto público?

Perú enfrenta problemas similares a los de Colombia. Los casos de corrupción en el aparato estatal son numerosos y afectan tanto la estabilidad política como la efectividad del gasto público. Muchas obras públicas han quedado prácticamente abandonadas por problemas asociados al mal uso de los recursos.

Otro fenómeno que se ha expandido es el de la minería ilegal. El año pasado las exportaciones de oro ilegal fueron prácticamente iguales a las de oro legal. Esa actividad criminal trae consigo corrupción, violencia y una amenaza de penetración del narcotráfico en las instituciones del Estado.

¿Cómo es la inversión colombiana en Perú?

Tenemos presencia de empresas colombianas muy importantes en sectores estratégicos. En distribución de energía son actores fundamentales. También participan en generación eléctrica y en distribución de gas. En infraestructura la presencia colombiana también es relevante. Son compañías muy respetadas y apreciadas en el país.

¿Cómo se puede fortalecer Colombia como destino de inversión, un tema que se debate en el marco de las próximas elecciones presidenciales?

La agenda pendiente de cualquier gobierno debería centrarse en promover el desarrollo, el crecimiento económico y la generación de empleo. Para ello es necesario permitir mayor flexibilidad en los mercados, eliminar distorsiones y facilitar la actividad privada. También es clave ofrecer servicios públicos de calidad, como infraestructura, seguridad y un verdadero imperio de la ley. En la base de todo esto debe existir un manejo macroeconómico fiscal y monetario responsable que permita construir un entorno favorable para la inversión y el crecimiento.

¿Qué expectativas hay por esta temporada de elecciones?

Muy pronto vamos a estar hablando, seguramente, de nuevos presidentes en prácticamente todos nuestros países. Esperemos que esto salga bien y que podamos retomar la ruta de crecimiento, porque en términos comparativos, en América Latina crecemos menos que todas las otras zonas emergentes, y creo que no nos podemos permitir eso. Nosotros tenemos que crecer más para entregar mejores condiciones de vida mejores a nuestros ciudadanos.

¿Qué viene para la región con alguna perspectiva de recuperar la economía venezolana?

Ojalá sea una fuente de crecimiento. Personalmente lo veo con optimismo. Pero creo que todavía falta mucho por recorrer, no solamente desde el punto de vista de la recuperación de la estructura económica sino de los fundamentos de la democracia. Ojalá que Venezuela avance, sin duda está mejor, pero todavía falta trecho por recorrer.

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